Puede parecer una obviedad, pero el noble arte de la narración audiovisual esconde una complejidad aún mayor de la que aparenta, escondiendo elementos clave a la hora de construir un discurso en imágenes hasta en esas herramientas que, por prácticamente invisibles, pasan desapercibidas —no para todos— a pesar de llevar toda nuestra vida cinéfila frente a nuestros ojos. Una de ellas, cuya historia, usos y efectos repasaremos a lo largo del siguiente texto, es la relación de aspecto —o aspect ratio en el idioma de Shakespeare—; un concepto que podríamos definir como la proporción existente entre el alto y el ancho de la imagen , expresado mediante la división de dos números —como 4:3 o 16:9—, con el resultado de las mismas en cifras decimales —4:3 equivaldría a 1.33—, o como una proporción —como 1.33:1, que representaría que la imagen es 1.33 veces más ancha que alta—. Pero vayamos paso a paso, y veamos cómo nace la relación de aspecto y cómo ha evolucionado hasta los estándares ac...